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Muerte asistida

Por: Alejandro Velasco
14 de mayo, 2018 - 03:15 | Opinión

Recientemente se hizo famoso el caso del científico de 104 años de origen australiano quien recurrió a la muerte asistida o eutanasia, como también se le denomina, a esta decisión que toma un individuo de ya no querer continuar con su vida, para lo cual tuvo que trasladarse a Suiza, ya que en esa nación esta permitido este procedimiento el cual consiste en la aplicación de una inyección letal que el propio solicitante activa para concluir su existencia.

Esto llamó poderosamente la atención de los medios a nivel internacional, ya que este hombre, no padecía de enfermedad alguna, sin embargo manifestó que su calidad de vida había disminuido de forma considerable por lo que ya tenía tiempo de haber pensado en dejar de existir, cosa que le negaron en su país de origen, Australia, por lo que externó en conferencia de prensa que habría preferido morir en su tierra, cosa que no le permitieron por lo que aseguró que lamentaba que Australia estuviera tan atrasada con respecto a Suiza en esa cuestión.

El investigador de apellido Goodall, demostró en todo momento que su decisión en ningún momento lo puso triste incluso el día de su muerte, ocurrida el pasado jueves 10 de mayo, se llevó a cabo después de haber compartido una comida con sus familiares cercanos según fuentes internacionales, así mismo y aprovechando el interés generado por su decisión; Goodall, dijo que esperaba que su muerte pudiera servir para que Australia y el resto de los países se decidieran a adoptar leyes similares a las de Suiza, la cual permite a cualquier individuo con buena salud mental y que haya expresado en repetidas ocasiones su deseo de morir, independientemente de que goce de buena salud física, acceder a la muerte voluntaria asistida.

En la mayoría de los países, la muerte voluntaria está prohibida, mientras que en el estado de Victoria, Australia, recientemente se votó una ley en ese sentido que entrará en vigor en 2019, pero que está restringida solo a pacientes de alguna enfermedad terminal y que les hayan diagnosticado una esperanza de vida de menos de seis meses.

Sin duda el tema es sumamente delicado y más sabiendo que en el mundo cada vez es más común conocer gente que ha pensado seriamente en quitarse la vida, y que incluso lo ha intentado y lo más lamentable que muchas de estas personas con pensamientos suicidas son jóvenes quienes aparentemente no tienen problemas, pero por alguna razón sienten el deseo de morir. En Juárez ya hemos visto varios casos de estos en los que gente intenta y consigue suicidarse.

Así que antes de pensar en que las leyes en ese sentido sean más flexibles lo mejor sería crear instituciones que estén más al pendiente de cuidar la salud mental de la población, ya que se supone que por naturaleza contamos con un instinto de supervivencia que de forma automática nos hace aferrarnos a la vida, lo que nos lleva a especular que quien piensa de forma continua en dejar de vivir es porque algo anda mal, de otra forma debería tener apego a la vida, pues como le decía eso es parte del instinto.

Otra cosa que también llama la atención es que por lo regular alguien que piensa en dejar de existir, es porque está pasando por algún problema muy complicado o por una depresión que lo hace considerar esa posibilidad, lo que no ocurrió con el señor Goodall, así que cada vez los humanos nos hacemos mas complicados y por lo mismo no se sabe qué comportamientos veremos en el futuro y esa no debería ser la idea…

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